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PERDIENDO POR GOLEADA

Soy hincha del Medellín por muchas razones, pero la principal es por herencia, es decir, mi papá desde chiquito me enseñó el gusto por el fútbol y por ende por el Medellín. Así creo que le pasa a muchos fanáticos del futbol, no escogen su equipo, sino que lo heredan. Mi papá, me cuenta que cuando era pequeño me llevaba al estadio yo con la pasión y la energía del niño gritaba: ¡Sosa, Sosa, Sosa! En esa época en el Medellín jugaba el Rambo Sosa, un delantero argentino de pelo largo que lo hacía parecer al personaje de Hollywood. No recuerdo nada de eso, pero con solo ver el brillo en los ojos de mi papá cuando me cuenta la historia una y otra vez, el recuerdo existe como si fuera ayer.
 
Ahora, la parte no tan buena. A los hinchas del DIM nos gozaba todo el mundo, porque no podíamos quedar campeones desde el año 1957. Unos decían que era porque la esposa de un arquero paraguayo nos echó una maldición. El chiste de Este año sí, era una frase típica de los hinchas del Medellín y se volvió tan popular que en nuestro imaginario se convirtió en una utopía quedar campeones, tanto así, que una de las canciones que más cantamos a grito herido dice: "no necesito que estés arriba, para quererte glorioso DIM".  Aun así mi amor por el equipo nunca decayó. La otra parte era el rival de patio, Atlético Nacional y sus hinchas. Ellos se burlaban de nosotros, y esa burla aumentó después de que ellos ganaran la Copa Libertadores, en nuestra cara nos gritaban "veeeeeerdeee". En medio de ese ambiente crecí y con humor aprendí a hacer más llevadera la burla, incluso a burlarme de mi propio equipo. Había días que me daba duro, pero en términos generales entendía que era solo un juego. En ese mundo crecimos la mayoría de los fanáticos del fútbol en Antioquia y henos aquí.
 
Entonces, había un partido especial, el clásico. Cada tarde de domingo de clásico eran burlas y puyas de lado y lado. Como decía el gran René Higuita: "antes de un clásico se siente un tensionaito bacano". Los hinchas decimos: Con que se gane el clásico soy feliz. Esperábamos ese domingo con ansias, en la cuadra cada hincha sacaba la bandera de Medellín o Nacional, cada uno con su camiseta, es más, casi nunca se sabía cuál equipo era local o visitante. Solo importaba el partido, noventa minutos de juego, de fútbol, de clásico.
 
Comenzaba el partido, se sentía la tensión, si un equipo hacia un gol, los hinchas del otro equipo veían como sus amigos celebraban, había burlas, chistes, se subía la voz, se gritaba, pero al final del partido si había pelea la razón no era fútbol. Ahora bien, cuando se iba al estadio, era otro cuento mucho más emocionante, las barras de los equipos, los coros, la salida de los equipos. En mi época en la misma tribuna, Oriental, estaban las dos barras más grandes, del Medellín, La Putería Roja, y de Nacional, El Escándalo Verde. La tribuna se veía hermosa, puntos rojos y verdes juntos, revueltos, uno al lado del otro, como luces de Navidad brillaban para animar a sus equipos. La novia hincha del verde iba de la mano con el novio hincha del rojo. Al final del partido, ganara quien ganara, el parche era salir a comer chuzo y tomar algo en alguna de las chazas a la afueras del estadio; unos renegando por las malas jugadas, otros recordando los goles, todos rajando del árbitro, no importaba de quien eras hincha. El partido ya terminó, la amistad continúa. Eran domingos felices.
 
Estoy seguro que muchos de los que están leyendo recuerdan algún clásico vivido así con sus amigos o su familia. Pero llegamos a hoy. El partido ya no es lo mismo. Desde hace un tiempo se  comenzó a crear una rivalidad violenta, intolerante, de un grupo al que no llamaré hinchas, porque es un grupo de gamberros desubicados, una minoría que no entiende que ser hincha de un equipo de fútbol consiste en disfrutar y respetar la felicidad del otro, así eso signifique mi tristeza. Esto tiene variadas razones, una de ellas, la polarización a todo nivel que tiene la lógica de "él que no está conmigo, está contra mí". El fútbol es un reflejo de la sociedad y nuestra falta de educación. Pero ojo, cuando digo educación no me refiero a títulos ni cartones. Para mí, la educación radica en la forma cómo afrontamos el triunfo o la derrota y en cómo reaccionamos ante el insulto o la frustración. 
 
El punto es que ahora los clásicos se viven diferente, cuando un equipo es local, los hinchas del otro equipo no pueden ir al estadio. ¡Qué tal esto! Estupidez 1 - lucidez 0. Incluso, he estado en partidos donde hay hinchas que están buscando espectadores del visitante para sacarlos del estadio. Lo hacen en partidos del Medellín, como en los de Nacional. Estupidez 2- Lucidez 0. ¿Somos tan intolerantes que no podemos soportar un JUEGO al lado de una persona que tiene un gusto distinto?, ¿No somos capaces de aceptar que una persona celebre un gol del otro equipo delante de nosotros? ¡Apague y vámonos! La semana pasada una amiga muy hincha de Nacional, me decía: "armemos parche para ir juntos al estadio". Qué bueno sería, pero en la realidad de hoy no se puede. Le dije con tristeza.
 
Los equipos, el gobierno, los periodistas y los hinchas somos cómplices. Hemos dejado que una minoría nos quite el espectáculo de compartir el deporte. El gobierno cree que prohibiendo hace mucho. Es como cuando una mamá castiga al niño con tres días sin ver televisión, porque le pegó a un compañero en el colegio. En el estadio caben alrededor de 42 mil personas y de ese estadio lleno mil delincuentes arman el desorden y la pelea, es decir, dos mil le ganan a cuarenta mil. ¿No les parece que esto no tiene sentido? Estupidez 3- Lucidez 0. 
 
Qué bueno sería volver al estadio, juntos, hinchas de Medellín y Nacional, familias y grupos de amigos a pesar de ser hinchas de equipos distintos. Qué bueno sería hacer una campaña donde los hinchas líderes de las barras, los jugadores, los periodistas, los directivos de los equipos y el gobierno nos uniéramos para recuperar esos momentos de alegría y disfrutar el clásico en paz. La verdad es que no tengo muchas esperanzas de que eso pase, puesto que para los gobiernos miopes es más fácil prohibir que educar. Por ahora, seguiré añorando esos días hermosos. Por eso,  propongo una campaña desde cada uno, un manifiesto de paz. En el próximo clásico si usted no va al estadio, arme parche con amigos y familia de los dos equipos, siéntense en un bar, en una tienda, en la sala de sus casas, tómese una foto con un hincha del otro equipo, súbala a internet con el numeral #FútbolEnPaz. Segundo, cada que una persona muestre violencia contra otra persona por ser de un equipo distinto, invítelo a la tolerancia, evite echarle leña al fuego. Mostrémosle a los violentos que se puede disfrutar respetando la diferencia. Tal vez, algún día volvamos a vivir esos hermosos clásicos, ojalá algún día pueda hacer realidad el parche con mis amigos hinchas de Medellín y Nacional en el estadio. Qué bueno que se pudiera. Soy un hincha soñador. Mientras no se cumpla ese sueño seguiré pensando que los partidos no los están ganando los equipos, por ahora los clásicos los está ganando la estupidez y por goleada.