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EL CHISTE

Soy sólo un chiste. No tengo nombre porque los chistes carecemos de nombre, aunque algunos otros chistes tengan apodos como “el del perro que se cae”, o “la señora y el vecino”: yo ni siquiera tengo apodo. Creo que soy un buen chiste, pues cuando alguno me cuenta todos ríen. Pero tengo un defecto: soy muy largo. A veces cuando el que me cuenta va en la mitad de mí los otros se aburren y nadie ríe. Mi primo, El chiste corto, me dice que no me preocupe, que el que es bueno es bueno. Sin embargo, me parece una mirada muy superficial de mi problema, teniendo en cuenta de quien viene el consejo.
 
Cierto día pasó algo gracioso. Una señora, después de mucho rato, me contó a otra., pero ella no se rió. Quede muy triste. Igual me fui con ella y ocurrió lo inesperado: ella en medio del autobús comenzó a reír sin parar. Me había entendido. Eso nunca me había pasado, pero a mi primo El fino le pasa cada rato; al principio le pareció muy duro, después se acostumbró. Hace tiempo no lo veo porque se fue para la argentina a trabajar con un grupo de músicos que dizque son los que mejor lo cuentan. Esta semana envió unas fotos, está gordo. Qué bien por mi primo que tiene quien lo cuente. Sin embargo, mi tía dice que su hijo preferido es el Chiste grosero, aunque él nos ha hecho quedar muy mal a todos. En las reuniones, congresos y cócteles a mi tía le dicen que no lo lleve. Eso a ella le duele mucho, además, preguntan por el fino, por eso Grosero le tiene envidia y lo insulta a toda hora. Mi abuela dice que todo lo aprende de los borrachos, que son los que más le dan empleo. Por lo menos ellos se acuerdan de él.
 
Mi mamá es la mejor de todos los chistes. Todos la quieren contar. Es precisa: ni corta, ni larga como yo, ni tan fina para que no la entiendan, ni tan soez para que no la veten. Es la única de la familia que siempre tiene trabajo. Hace un año se jubiló pero la siguen contratando y a ella le encanta. El sábado fue la sensación en la fiesta de bautizo de mi sobrino. Él es un bebecito hermoso, apenas es un comentario, pero mi abuela dice que así empezamos todos.
 
Como verán, todos excepto mi madre tienen algún defecto. El peor es el mío, aunque yo tuve mi época de oro, como todos. Por allá hace muchos años a la gente le encantaba los chistes largos. Hoy ya no, quien sabe que pasa. Quizá les falta alegría o como dice mamá, ya no tienen tiempo para un chiste largo.
 
Me encanta que me cuenten los niños ¡ah! ¡Ellos son maravillosos contando chistes! Incluso son los que mejor cuentan a mi primo grosero. Me gustan los niños porque después que empiezan no paran de reir, a veces al final se ríen tanto que no se les entiende lo que dicen pero igual todos ríen. Hasta a mi amigo descache lo cuentan bien, a fino es al único que no.
 
Las peores son las mujeres, les falta confianza, son muy buenas para reírse cuando otro nos cuenta, pero para contarnos son fatales. Pocas se salvan. Ellas cambian las palabras importantes, cuentan el final antes de tiempo, en fin, son malas. Lo bueno es que gracias a ellas Equívoco, un amigo de mi papá, tiene trabajo,
En estos tiempos ser un chiste largo es un problema, algunos me llaman cuento ¡ja! Ya quisiera ser como ellos. Así de hermoso, galante, con tanto para decir sin haberlo dicho. Hay unos que pasan por mi lado como si nada y otros que no se les entiende lo que dicen. Mi tía La ironía, les dice los intelectuales. Mi padre, un chiste viejo, me dijo que porque no me divido en dos y así logro generar otro chiste. Yo estoy muy joven y no quiero tener hijos. Primero tengo que ganarme la vida siendo un buen chiste porque últimamente no he tenido mucho trabajo. Desde que me contaron a este señor lleva conmigo varios días y no me suelta. Nosotros los chistes tenemos que ser contados. A mi abuelo lo mató una señora que no lo quiso volver a contar porque le daba pena. Ya estoy preocupado. El señor ayer intentó contarme pero cuando estaba a punto de terminar no sé acordó de mi final. Así lleva muchos días, no sé qué hacer. Nosotros los chistes dependemos de la memoria. Mi padre está hablando con sus amigos a ver quien le ayuda al señor a que recuerde como termino. A veces con un chiste se recuerda a otro., pero nada que funciona, cada vez estoy más débil.
 
Ni yo mismo me cuerdo de mi. Mamá esta triste. El señor cada vez me recuerda menos… sólo me toca esperar. Ese es el problema de nosotros los chistes… ¡ah! esperen, esperen. Veamos si esta vez sí… “había una vez…